El bloque de viviendas con mayor ahorro energético

Fuente: Diario de Noticias

El Soto Lezkairu acoge el primer bloque residencial del Estado con el estándar Passivhaus, el certificado de ahorro más exigente que existe.

Simplificando un poco, el Passivhaus es un certificado internacional de eficiencia energética que tiene una obsesión casi enfermiza por reducir la demanda de calefacción. “Lo demás, entre comillas, les importa poco. Como si haces un edificio de plomo, por decir una barbaridad. A ellos les preocupa que reduzcamos la demanda. Si luego encima aplicas criterios de sostenibilidad y utilizas materiales con un bajo impacto, mejor. Son perfectamente compatibles y es lo ideal”, cuenta Germán Velázquez, arquitecto pamplonés de 37 años que ha pergeñado sobre el papel el que será el primer bloque de viviendas levantado en España siguiendo este criterio. Se encuentra en el Soto Lezkairu, con las obras muy avanzadas (esta parte le toca a la promotora Las Provincias) y para octubre o noviembre el edificio estará terminado y esperando a sus inquilinos.

“Se han certificado una biblioteca en La Rioja, un edificio de oficinas y una docena de viviendas unifamiliares. Pero este es el primer edificio en bloque. Será 29 veces más grande que lo más grande que hay. Es un salto exponencial”, explica Velázquez.

“Son principios sencillos que, bien hechos, suponen un ahorro increíble”

El Passivhaus nació en Alemania a principios de los 90 y, como su nombre apunta, para lograr sus objetivos emplea criterios pasivos (frente a otros activos como una caldera o un sistema de aire acondicionado). “En realidad son cuatro cosas, principios muy sencillos que si se hacen bien suponen un ahorro energético increíble. Se trata de aislar mejor y diseñar mejor, eliminando los puentes térmicos (zonas de la envolvente de la casa por las que es más fácil que se escape el calor). En cuanto a la carpintería, se colocan unos perfiles que aíslan mucho, y en vez de doble se emplea triple vidrio con argón (un gas que llena el espacio térmico entre los vidrios y actúa como aislante). También se trabaja mucho la hermeticidad de las viviendas”, cuenta Velázquez.

El passiv emplea un recuperador de calor, una máquina con un tubo desde el exterior que filtra el aire de la calle para introducirlo limpio en el hogar. El aire frío que entra y el caliente que sale no se tocan físicamente, pero pasan por unas celdas muy finas e intercambian el calor. “Si estás a cuatro grados en la calle y abres la ventana para ventilar, echas el aire caliente de la casa y entra el aire frío. Eso no es sostenible. Con el recuperador de calor metes aire limpio en la casa a 17 grados. En verano más de lo mismo. En vez de meter aire a 40 grados, al cruzarse con el de dentro, que está a 21, estás metiéndolo a 26 o 27 grados. Y por la noche la máquina detecta automáticamente que la temperatura exterior está más baja y hace ventilación directa. Filtra el aire de la calle y lo mete más frío para refrigerar la casa. Sin sobrecoste ni necesidad de aire acondicionado”.

El ventilador de esa máquina puede tener un consumo de 8 o 10 céntimos al día. “Ahí está el salto sustancial. Térmicamente es una ganancia salvaje, en torno a cuatro veces mayor que en un edificio de calificación A”, comenta este arquitecto.

También le ha tocado medir hasta el aburrimiento las ganancias solares del edificio; orientación de las ventanas, si hay sombra o previsión de que la tenga… todo se calcula al milímetro para ahorrar a lo bestia. Velázquez no se atreve a dar una cifra exacta de consumo para estas nuevas viviendas, pero pone el ejemplo de la casa de un amigo suyo en Lekunberri, que emplea criterios passiv en sus 180 metros cuadrados, y con tres hijos “gasta un poco más de 300 euros de calefacción y agua caliente al año”, dice.

VENTAJAS AÑADIDAS

Las casas passiv ahorran calefacción como ninguna. Pero tienen otras ventajas añadidas relacionadas con el confort, un concepto básico cuando se trata de un hogar. Para empezar, con el recuperador de calor la casa siempre está a 21 grados, sin cambios bruscos de temperatura. La hermeticidad de la vivienda aísla también del ruido exterior y, como no es necesario ventilar tampoco hay polvo que limpiar o polen que dispare las narices alérgicas. Solo entra el polvo que el inquilino traiga puesto de la calle. Y la casa está en constante ventilación, desterrando frases clásicas como la de “está el ambiente un poco cargado”.

APUESTA SEGURA

Dice Germán Velázquez que en 2020 este certificado será obligatorio en el Estado, y desde la promotora consideran el passiv como una apuesta segura. “En cuestión de promoción inmobiliaria somos los primeros en apostar por esto. No hacerlo es quedarse en el pasado, y además supone un reto muy bonito y todos estamos aprendiendo mucho. Cuando Germán nos comentó el tema del passiv nos pareció muy interesante. Íbamos a dar un valor añadido a la promoción y a diferenciarnos del resto de viviendas. Y apostamos por ellos”, explica Laura Valencia, vecina de Pamplona de 34 años, de Promociones Las Provincias. Las viviendas, dice, están en el rango de precio de la competencia, y son de alta gama.

“La gente nos pregunta cómo convencimos al promotor. Es que no le hemos convencido, le hemos explicado qué era el passiv y nos respondieron que el edificio tenía que ser así”, detalla Velázquez. “Pudiendo y sabiendo hacerlo bien no lo puedes hacer mal”, resume este arquitecto. “Hasta ahora igual no sabíamos hacerlo, pero ahora ya sabemos. Si me dijeras que cuesta un 30% más… pero se puede hacer con el mismo presupuesto”, finaliza Velázquez.

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